21 Sep Entrevista a Macarena Burguera, promoción 50
1. Para quienes no te conozcan, ¿quién es Macarena Burguera y a qué te dedicas actualmente?
¡Hola! Soy Macarena, de la promoción 50. Me gradué hace un par de años de Teleco + ADE en la UPV, y acabo de terminar un máster de robótica en la DTU, en Copenhague.
Hace ya unos siete años que salí del cole, y desde entonces, he tenido la suerte de formar parte de proyectos que me han enseñado muchísimo, sobre todo durante la etapa universitaria: trabajé dos años en el FSUPV, el equipo de Fórmula Student de la UPV; y más tarde, ya en Dinamarca, estuve un año en DTU Float Forward, equipo con el que competimos en el Monaco Energy Boat Challenge (tipo Fórmula Student, pero con barcos eléctricos en vez de coches).
Actualmente trabajo en GMV, una empresa española del sector aeroespacial, desarrollando software para el Galileo Reference Center (GRC), el centro encargado de monitorizar en tiempo real la disponibilidad y la calidad del servicio GNSS (GPS, Galileo y otras constelaciones) en todo el mundo.
Más allá de la ingeniería, que no puedo evitar que ocupe buena parte de mi vida, diría que disfruto sobre todo de las cosas sencillas. En casa de herrero, cuchillo de palo, supongo!
2. Actualmente estudias y trabajas en un entorno muy ligado a la robótica, los sistemas autónomos y la ingeniería. ¿Cuándo descubriste que ese era el camino que querías seguir?
La verdad es que esto empezó de forma muy simple: en el colegio me gustaba bastante la física (las mates se me resistieron un poco más, he de decir), y me atraía mucho la idea de «bajar a la tierra» los números de la pizarra, darles un sentido real, aunque no sabía muy bien cómo.
Ya en la carrera, me decepcioné un poquito al principio (iba con expectativas demasiado altas, obviamente en Física I no iba a diseñar cohetes) así que, junto con algunos compañeros, fui buscando por la universidad a qué proyectos podíamos unirnos para «ensuciarnos las manos» y aprender de verdad. Así, tras unas cuantas vueltas, llegué por fin al FSUPV, el equipo de Fórmula Student de la UPV.
Lo curioso es que en aquel momento ni siquiera me gustaban especialmente los coches. Lo que me atrajo realmente del equipo fueron sus valores, algo que no veía de forma tan señalada en otros proyectos: compromiso, humildad, responsabilidad… y al mismo tiempo, la importancia que le daban a las ganas de aportar de cada miembro, más allá de lo puramente técnico (algo que me llamaba la atención a pesar de ser un proyecto tan exigente). Así que ahí me quedé, tras un primer año de formación. Finalmente estuve dos años trabajando en la disciplina de Driverless/Autonomous Systems, desarrollando el primer monoplaza sin conductor del equipo, que acabó compitiendo (¡y hasta ganando!) el verano de 2022, en Hockenheim (Formula Student Germany) y en Barcelona (Formula Student Spain).
Fue una experiencia que me marcó muchísimo, y con la que tuve la suerte de descubrir, muy pronto, lo que es la ingeniería real. También me dejó una lección que sigo viviendo en mi día a día: Muchas veces, las piezas que mejor funcionan son las que nadie llega a ver nunca, lo cual, lejos de ser triste, es una muy buena señal. Hay cierta belleza ahí, en ese trabajar en lo escondido, en procesos o elementos que mejoran la vida de los demás pasando totalmente desapercibidos.
Todo lo demás – el máster, mi paso por Dinamarca y mi trabajo actual – viene de ahí.
3. Desde Guadalaviar hasta Dinamarca hay unos cuantos kilómetros. ¿Cómo surgió la oportunidad de estudiar en la DTU y qué te llevó a dar ese paso?
Tras aquel segundo verano de Formula Student, decidí dejar el equipo y probar suerte en áreas algo más «tranquilas» de la universidad mientras terminaba la carrera, desarrollando software para temas de estadística e investigación operativa. Sin embargo, en mi último año me di cuenta de que seguía echando de menos el tipo de trabajo que hacía en el FSUPV, en el que sentía de verdad que bajaba al barro, sin quedarme estancada tras una pantalla. Un par de compañeros de equipo se habían ido a Copenhague a cursar el máster de Autonomous Systems en la DTU, y su experiencia había sido tan buena que acabé siguiendo sus pasos.
Como era consciente de que tenía esa motivación de fondo, me repetí muchas veces a mí misma que no quería volver a vivir un año tan exigente como los del Fórmula Student. A pesar de ello, nada más llegar, una amiga me convenció para meterme de lleno en DTU Float Forward, que además arrancaba de cero total: sin diseños claros, sin dinero, sin «fama» de la que tirar para conseguir sponsors… únicamente con un grupillo de estudiantes muy variopintos y muy ilusionados, que parecía sacado de una foto de un workbook (en general la DTU es muy internacional, algo que ya me habían comentado y me encantó vivirlo). Hacía falta alguien con algo de experiencia (y muchas ganas) para coordinar el departamento de electrónica, y ahí que fui yo.
Ha sido una experiencia buenísima, creo que fue una muy buena decisión lanzarme a estudiar y trabajar allí un tiempo en vez de quedarme en España.
4. Mudarse a otro país siempre implica desafíos. ¿Qué ha sido lo más difícil y también lo más enriquecedor de esta experiencia internacional?
Lo más complicado, sin duda, fueron las diferencias culturales en momentos de mucha presión, algo que viví especialmente en DTU Float Forward. No todas las culturas entienden igual valores como la responsabilidad, el esfuerzo, el compromiso o el orden, y al principio eso choca. A mí, desde luego, llegó a frustrarme bastante. Con el tiempo, y a base de muchos palos, aprendí que lo importante es conocer y querer de verdad a la gente que tienes alrededor, y ayudar a cada uno a sacar lo mejor de sí mismo. Que se dice pronto… La teoría me la sabía perfectamente, pero a la hora de la verdad, vi que no era tan fácil.
Una anécdota bastante gráfica de estos choques culturales fue algo tan aparentemente sencillo como gestionar las comidas de la competición, allí en Mónaco. En general, allí ves a los otros equipos todos unidos a la hora de la comida, bien organizados. Nosotros… bueno. El simple hecho de cuadrar una hora común ya nos costó lo suyo… y a pesar de intentar organizar los turnos de cocina de la mejor forma posible (en el Excel parecía todo estupendo), el primer día fue un auténtico desastre. Acabamos dando una especie de «golpe de Estado» dentro del equipo un grupito de mediterráneos, liderado curiosamente por una chica noruega, para poner un poco de orden y evitar morir desnutridos el resto de la semana. Ahora me río, pero nos supuso casi más drama coordinar eso que la propia competición.
Y luego está lo más enriquecedor, que es, sencillamente, el día a día. Cuando estás lejos de casa, tus amigos se acaban convirtiendo en una segunda familia. Tuve la suerte de vivirlo especialmente en mi residencia, de la que tengo muy buenos recuerdos, tanto de las pequeñas cosas del día a día como de los planes que organizábamos todas las semanas. Sin ir más lejos, al acabar el curso nos fuimos todos juntos con un grupo bastante grande a Roma, al Jubileo, con la diócesis de Copenhague. Fue una experiencia preciosa.
También tengo muy buen recuerdo de los días en el taller, con mis compañeros de equipo. Con lo diferentes que éramos todos, hicimos mucha piña. Como anécdota, todavía hay algún compañero que nos sigue agradeciendo a los españoles haberle descubierto a Julio Iglesias…
5. Has participado en proyectos relacionados con la movilidad sostenible y la innovación marítima. ¿Qué te atrae de este tipo de iniciativas?
Ante todo, lo que me atrae de este tipo de proyectos es que son retos de verdad: problemas reales, de los que no aparecen en una clase ni, muchas veces, en un trabajo «normal». Y al ser competiciones, te obligan a llevar diseños y procesos al límite, con los riesgos y costes que eso conlleva. Por supuesto, en entornos así las cosas rara vez salen según lo planeado, algo que he vivido en primera persona más de una vez: piezas que se parten en el peor momento, electrónica que de repente se muere, algoritmos «validados» que en pista dejan de funcionar…
En general, aprendes a «sobrevivir» y a ir sacando soluciones improvisadas pero efectivas. En DTU Float Forward lo vivimos especialmente, ya que tuvimos problemas hasta en las cosas más básicas. Por ejemplo, tras muchísimas trabas para conseguir un motor, ni el proveedor ni el mismo fabricante nos pudieron facilitar la información necesaria para decodificar sus datos en el protocolo que usábamos en nuestra telemetría. Como ya era tarde para rediseñar todo el sistema, no nos quedó otra que conectarnos nosotros al propio motor empalmando un par de cables de forma bastante poco profesional, y a base de acelerar, frenar, e ir tocando opciones a mano, deducir nosotros mismos el significado de los «unos y ceros» que leíamos. Nos encerramos un par de tardes hasta que por fin lo sacamos.
Otra anécdota de la que estoy especialmente orgullosa ocurrió ya en Mónaco, justo al comenzar la carrera de resistencia, la más importante. Nada más empezar la prueba, se murió de forma inesperada nuestro módulo IMU+GNSS, y nos quedamos sin datos de posición ni velocidad en la sala de control. Una compañera que es una auténtica crack se sacó de la manga un modelo físico para estimar la velocidad a partir de los pocos datos que nos quedaban vivos, de baterías y motor. Lo programamos y entrenamos en directo (con la ayuda de chatGPT, eso sí) y a la media hora, ya teníamos estimaciones lo suficientemente fiables. Con ello, y haciendo más malabares, conseguimos guiar al piloto durante las tres horas que duró la prueba, sin que llegara a enterarse de que habíamos tenido un problema tan grave.
Todas estas historias te enseñan a llevar las contrariedades con creatividad y sentido del humor, y a saber improvisar sin perder los papeles. No es casualidad que estas competiciones estén promovidas, en gran parte, por la propia industria, ya que son una forma de preparar a los ingenieros del futuro.
6. En una época en la que la inteligencia artificial y la automatización están transformándolo todo, ¿qué es lo que más te ilusiona del futuro tecnológico?
Sencillamente, que nos haga más y mejores humanos. Soy bastante confiada en ese sentido.
Hay quien tiene una visión muy catastrofista del avance tecnológico, pero normalmente esa visión esconde una idea muy pobre del ser humano: la de medir nuestro valor por lo productivos que somos. Si la tecnología nos «roba» esa capacidad de producción, es lógico que quede un vacío incómodo. Pero nuestra dignidad va mucho más allá de eso… no se puede medir como las máquinas, en términos materiales.
Yo estoy 100% segura de que la tecnología también nos puede ayudar a acercarnos al Bien, la Verdad y la Belleza, siempre que partamos de una base sólida en la que se entienda bien el valor de cada persona. Creo que cuanto más avancen temas como la IA más nos veremos como sociedad «obligados» a profundizar más en estas cuestiones más filosóficas, que es algo que se ha ido perdiendo un poco en el transcurso de los años, y me encantaría que se fuera recuperando.
7. Recientemente has sido seleccionada para la Nova 111 Student List 2026, un reconocimiento que distingue a algunos de los estudiantes con mayor proyección de España. ¿Cómo recibiste la noticia y qué significa para ti este reconocimiento?
Muy contenta y agradecida. No me lo esperaba porque desde que me llegó la nominación y finalmente hice el proceso de selección pasó bastante tiempo, tenía la cabeza en otras cosas y acabé apurando hasta el último día…
Ha sido una sorpresa que me ha hecho pararme de golpe a valorar lo bien rodeada que he estado estos años, ya que todo lo que sé y soy lo he aprendido de los demás. Conozco unas cuantas personas que se lo merecen mucho más que yo.
8. A menudo vemos los éxitos, pero no el trabajo que hay detrás. ¿Cuál ha sido el reto más importante al que te has enfrentado durante estos años?
Diría que ha sido, sencillamente, compaginarlo todo: las amistades, la familia, las relaciones humanas, el trabajo. Mantener las prioridades claras cuando todo tira a la vez no es fácil, y menos en épocas de mucha exigencia académica o profesional. Muchas veces la clave no ha sido tanto no fallar nunca, sino saber volver cuando me había despistado, y saber recomenzar sin dramatizar demasiado. Creo que esa es una de las mayores lecciones que me llevo de estos años.
9. ¿Ha habido alguna persona, profesor o mentor que haya marcado especialmente tu trayectoria?
He tenido la suerte de cruzarme con varias profesoras que me han dejado bastante huella. Recuerdo con mucho cariño a Amparo Olmos en primaria, y más de mayor, a profesoras como Mónica Tarín, Lucía Torres y Mª Carmen Martínez Sendra. A todas les debo más de lo que probablemente ellas mismas imaginan.
No obstante, creo que quien marcó un antes y un después en todo mi paso por el cole fue Verónica, que fue mi preceptora en 2º de la ESO, curso al que llegué un poco desubicada, digamos. Tampoco es que yo fuera especialmente problemática, nada de eso, pero sí que era increíblemente pasota: iba tirando con el mínimo esfuerzo, intentando pasar lo más desapercibida posible, y tampoco tenía ninguna intención de cambiar o mejorar. Ella descubrió en mí cosas que a día de hoy sigo sin saber muy bien cómo vio, la verdad, porque yo ponía bastante poco de mi parte. Me ayudó muchísimo durante todo el curso, muchas veces sin que yo fuera consciente, y me sacó de la espiral en la que me estaba metiendo para lanzarme justo en la dirección contraria. Al mirar atrás, a final de curso, me di cuenta de que gracias a ella era mucho mejor persona (hija, amiga y alumna). Con Verónica aprendí por primera vez a dejarme ayudar y dejarme querer, y descubrí mi valor como persona desde la humildad, como un regalo que poner al servicio de los demás.
A partir de ese punto de inflexión, ya por fin pude seguir luchando por crecer en esa línea, y el resto es historia. Le estaré agradecida toda la vida.
10. Mirando hacia atrás, ¿hay alguna experiencia vivida en Guadalaviar que consideres que te ha ayudado a llegar hasta donde estás hoy?
Más que una experiencia concreta, diría que ha sido el día a día, ese poso que se va formando poco a poco. El cariño con el que nos trataban las profesoras, lo mucho que nos cuidaban aunque en su momento no lo notáramos… lo he ido entendiendo y valorando con los años, como tantas otras cosas.
También recuerdo con mucho cariño las clases de filosofía de Mª Carmen. Fue ahí donde aprendí de verdad a pensar, y a profundizar en conceptos como la libertad, el Bien y la Verdad. Creo que esas clases me ayudaron muchísimo a amueblarme la cabeza, son lecciones que tengo muy presentes hoy en día.
Aparte de eso, quienes 100% he conocido en Guadalaviar y me han ayudado a llegar donde estoy hoy son, aparte de las profesoras que he comentado antes, mis amigas del cole. Hemos vivido de todo juntas, y para mí son un auténtico pilar en mi vida, en lo bueno y en lo no tan bueno. Creo que a pesar de ser todas tan diferentes tenemos una base común que hace que nos entendamos y nos queramos muy bien, aun con el paso de los años y teniendo cada una a día de hoy una vida totalmente distinta.
11. ¿Qué habilidades o aprendizajes adquiridos en el colegio sigues utilizando en tu día a día?
Muchísimas, la verdad, pero creo que las más importantes se pueden sintetizar en torno a intentar hacer todo por amor, con vocación de servicio, haciendo la vida más fácil y agradable a los demás. Es una idea que está muy relacionada también con el cuidado de los detalles, de lo ordinario, de las cosas pequeñas. No por afán de perfeccionismo, sino de entrega. Es ese el «ama y haz lo que quieras» de San Agustín, al fin y al cabo.
12. Si pudieras volver a sentarte en un aula de Guadalaviar con 16 años, ¿qué consejo te darías a ti misma?
Le diría que se deje aconsejar un poco más, que haga caso a la gente que la quiere, y que cuide más a quien tiene a su lado. Con el tiempo una se da cuenta de que casi nunca acertamos solos.
13. Si pudieras dar un consejo a una alumna que hoy está en Bachillerato y sueña con estudiar una carrera STEM, ¿qué le dirías?
Que siga soñando… «Soñad y os quedaréis cortos», que diría San Josemaría. Eso sí, que se ancle bien en la parte humana: que aproveche al máximo la formación humana y espiritual del colegio, porque es muy fácil, sin darte cuenta, dejarte arrastrar por el mundo y perder la perspectiva. Y si en algún momento se pierde, que sepa que siempre puede volver, y que no tenga reparos en hacerlo.
Dicho esto, que no le dé miedo que también le brillen los ojos hablando de motores, antenas o baterías. Al final, la ingeniería tiene esa belleza casi invisible de la que hablaba antes: lo que mejor funciona suele ser lo que menos se nota, y aprender a valorar eso – en el trabajo y en una misma – me parece que es algo muy bonito.
14. ¿Cómo te imaginas dentro de diez años?
Hace justo casi 10 años Lucía Torres nos hizo la misma pregunta en clase. Si le llego a contar a mi yo de 16 años lo que he ido viviendo estos años me quedo tiesa jaja. Tengo la suerte de poder decir que tanto a nivel personal como profesional, la realidad ha superado con creces lo que yo pensé en aquel momento.
Como aprendimos en aquellas clases de filosofía, gracias a Mª Carmen y a Viktor Frankl, no somos dueños de nuestro futuro, pero sí de cómo nos enfrentamos a él. Como se suele decir, si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.
Así que no tengo una respuesta muy elaborada. Lo único que sé seguro es que quiero seguir buscando hacer felices a quienes me rodean, poniendo el mismo cuidado en las cosas grandes que en las pequeñas, sea cual sea la forma que eso tome dentro de diez años.
15. Más allá de la ingeniería, ¿qué aficiones o intereses ocupan tu tiempo cuando consigues desconectar?
Sobre todo, estar con mis amigas. No voy muy sobrada de tiempo libre, así que aprovecho todo lo que puedo para disfrutarlo con ellas, ya sea con una cena, una excursión, unas cerves o un café. También me encanta correr, aunque en los últimos años he bajado un poco el ritmo… y sigo bastante la Fórmula 1, tanto los findes de carreras como lo que va pasando en los equipos durante la semana.
16. Para terminar, ¿qué significa para ti seguir formando parte de la comunidad Alumni Guadalaviar?
Para mí es, sobre todo, una forma de no perder del todo el contacto con el cole, aunque reconozco que no estoy tan metida en el día a día de Alumni como para presumir de ello. Pero cada vez que vuelvo a saber algo de Guadalaviar, o de gente de mi promoción, me alegra recordar de dónde vengo, y ver lo bien que le va a la gente.
Preguntas rápidas
Un libro que recomendarías a cualquier estudiante:
«La luz apacible», de Louis de Wohl.
Una habilidad que crees que será imprescindible en el futuro:
Saber comunicar. Cuanto más avance la tecnología, más van a valer las habilidades que la IA no puede replicar: saber explicar bien una idea, escuchar de verdad, trabajar en equipo, tomar decisiones con criterio…
Un fracaso del que hayas aprendido mucho:
No llegar a correr el primer año de Fórmula Student. Aprendí a gestionar contratiempos e imprevistos, a aceptar que a veces hay que renunciar a algo por un bien mayor por mucho tiempo y esfuerzo que le hayas dedicado, y sobre todo, a llevar las contrariedades con sentido del humor. Lo importante es que las cosas funcionen, no que sean perfectas. Como acabamos diciendo muchas veces aquel año en situaciones desesperadas: «¡si no explota, me vale!»
La mejor decisión que has tomado hasta ahora:
La gente de la que me he rodeado, sobre todo mis amigas y especialmente Juan, mi novio desde hace ya varios años. De todas las decisiones que he tomado hasta ahora, querer seguir a su lado para toda la vida es la que tengo más clara.
Una tecnología que crees que cambiará nuestras vidas en los próximos años:
Aquí barro un poco para casa, y por no decir lo obvio (IA) te diría que la robótica… que no es más que la adaptación al plano físico de la revolución que ya estamos viviendo. Todavía hay retos gigantes sin resolver como la falta de estandarización o el coste de desarrollo y despliegue, que es aún altísimo. Pero bueno, yo no creo que este tema vaya tanto por la línea de robots humanoides de estos que dan hasta miedito, sino por automatizaciones de procesos y tareas cotidianas que mejoren nuestra calidad de vida: procesos médicos, logística, conducción autónoma, automatización del campo…
Un lugar del mundo al que te gustaría volver:
A casa, siempre.
Si pudieras cenar con cualquier persona (viva o fallecida) relacionada con la ciencia o la tecnología, ¿quién sería y qué le preguntarías?
Si de verdad tuviera que elegir esto, probablemente elegiría cenar con mis propios compañeros de trabajo, con los que ya tenemos comidas bastante entretenidas en la ofi todas las semanas.
Pero vaya, tampoco me importaría tener un rato para conocer a Adrian Newey…. Me leí su libro el año pasado (me lo regaló una amiga que me conoce muy bien) y me da mucha curiosidad entender más a fondo su forma de diseñar y trabajar, los procesos mentales que debe de tener dentro de su cabeza, y cómo debe de ver en general la vida, también en un plano más personal. Y por supuesto, le interrogaría sobre el AMR26: su proceso de diseño y validación, todo lo que ha pasado con Honda, y su opinión sobre el futuro del coche y del equipo.
Completa la frase: «Lo que más me llevo de Guadalaviar es…»
Sus valores, y todo lo que viví y aprendí durante esos años: hacer todo con y por amor, haciendo de lo ordinario algo extraordinario; cuidar la santidad en pequeños detalles, y vivir siempre de cara a Dios y de cara a los demás. Y por supuesto, y con su permiso, me llevo también a toda la gente maravillosa que he conocido en el cole.





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