21 Abr 50 años después: volver a casa
El pasado viernes, el Colegio Guadalaviar volvió a llenarse de historia viva. La Promoción 9 celebró su 50 aniversario y, durante unas horas, el tiempo pareció detenerse en sus pasillos.
No era una celebración más. Los 50 años tienen algo distinto. Son memoria, son camino recorrido, son vida. Son el fruto maduro de una semilla que empezó a germinar aquí, entre aulas, amistades y aprendizajes que, medio siglo después, siguen dando sentido a lo que cada una es hoy.
Algunas volvían al colegio tras muchísimos años sin cruzar sus puertas. Otras nunca se habían ido del todo. Pero en todas había algo en común: la emoción intacta. La certeza de que Guadalaviar sigue siendo hogar.
Uno de los momentos más especiales fue cuando, casi como un susurro que atravesaba el tiempo, cantaron la canción que ellas mismas compusieron hace 50 años. Una melodía que no solo recordaba quiénes fueron, sino que hacía visible todo lo que han llegado a ser.
Durante el encuentro, también hubo palabras que dejaron huella. En uno de los discursos, una de las antiguas alumnas recurrió a una metáfora tan inesperada como acertada: la de Harry Potter. Habló de la magia. Pero no de una magia ficticia, sino de esa que nace de la amistad verdadera, del trato humano, de la capacidad de cada una para aportar al mundo desde lo aprendido. Esa magia —decía— sigue viva hoy, en cada una de ellas.
Y quizá ahí está el secreto.
Porque Guadalaviar, desde sus inicios en 1959, ha buscado siempre algo más que la excelencia académica: formar personas capaces de transformar la sociedad desde dentro . Y el viernes quedó claro que esa misión no termina al salir del colegio. Continúa, se multiplica y se proyecta en el tiempo a través de sus alumnas.
La directora, Chus Bolinches, lo expresó con especial emoción. Habló de lo significativo que es que el colegio esté, en tantos sentidos, en manos de sus antiguas alumnas. De la fuerza de su oración, de su cercanía constante y de su aportación silenciosa pero decisiva a lo largo de los años. Porque Guadalaviar no se entiende sin ellas.
El encuentro fue, en definitiva, un recordatorio poderoso: que las amistades que nacen aquí son para siempre, que el vínculo permanece y que la historia del colegio se sigue escribiendo en cada promoción.
Hoy, 50 años después, aquellas alumnas siguen demostrando que la verdadera magia no estaba solo en lo que vivieron… sino en todo lo que han sabido construir después.
Y que, cuando se vuelve a Guadalaviar, en realidad, nunca se ha dejado de estar.
Hoy, más que nunca, Guadalaviar sigue siendo un lugar de encuentro que trasciende generaciones. Por eso, desde Alumni, queremos invitar a todas nuestras antiguas alumnas a seguir formando parte activa de esta historia compartida. Asociarse es una manera de mantener vivo el vínculo, de impulsar nuevas iniciativas y de hacer que esta “magia” —la de la amistad, el servicio y el sentido de pertenencia— siga llegando mucho más allá de las aulas.
Porque Guadalaviar no es solo lo que fue… sino todo lo que, juntas, aún podemos seguir construyendo.
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