25 años después: risas, recuerdos y una unión que permanece

25 años después: risas, recuerdos y una unión que permanece

La tarde del mismo viernes, Guadalaviar volvió a abrir sus puertas para otra celebración muy especial: el 25 aniversario de la Promoción 32. Y si algo definió este encuentro desde el primer momento fue una palabra: alegría.

Porque hay promociones que se reconocen al instante. En las miradas, en los abrazos… y, sobre todo, en las risas. Muchas risas. De esas que salen solas, que conectan pasado y presente sin esfuerzo y que convierten cualquier reencuentro en algo auténtico.

Son mujeres que están en plena “cresta de la ola”, en un momento vital intenso y lleno de responsabilidad. Muchas de ellas, además, viven hoy Guadalaviar desde otro lugar: como madres del colegio. Algunas no habían vuelto en 25 años. Otras cruzan sus puertas a diario de la mano de sus hijas. Pero, en todas, se percibía con claridad que el vínculo seguía intacto. Que Guadalaviar sigue vivo en sus corazones.

Uno de los momentos más divertidos de la tarde fue el Kahoot que prepararon, lleno de anécdotas, recuerdos y hasta algún que otro “mito” de promoción. Fue ahí donde quedó claro que, además de la memoria, lo que mejor han conservado es el sentido del humor. Porque si algo caracterizó este aniversario fue esa capacidad de reírse juntas, de revivir historias y de celebrar quiénes fueron… y quiénes son hoy.

El encuentro estuvo apadrinado por Carmela Correa, y contó con la presencia de 11 profesoras que quisieron acompañarlas en este regreso tan especial. Un gesto que dice mucho de lo que es Guadalaviar: un lugar donde los vínculos no se rompen con el tiempo, sino que evolucionan y se fortalecen.

A lo largo de la tarde, se hizo evidente algo que en Guadalaviar se repite generación tras generación: que esto es mucho más que un colegio. Es un legado que pasa de madres a hijas, una forma de estar en el mundo que deja huella y que imprime carácter.

Hay algo invisible, pero profundamente real, que une a todas las antiguas alumnas. Algo que no siempre se puede explicar, pero que se reconoce al instante cuando se reencuentran. Como decía Ernst Gombrich en una de sus metáforas más sugerentes, es como ese hilo que no se ve pero que sostiene las perlas de un collar: sin él, nada tendría forma; gracias a él, todo cobra sentido.

Eso es, en parte, lo que se vivió el viernes. Un recordatorio de que, aunque pasen los años, hay lazos que no se rompen. Que la risa sigue siendo un lenguaje común. Y que, cuando se vuelve a Guadalaviar, siempre hay algo que permanece.

Porque al final, entre anécdotas, abrazos y carcajadas, lo que quedó claro es que hay historias que no se quedan atrás… simplemente evolucionan juntas.

 

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